Ingredientes:

  • 8-10 rebanadas de pan blanco del día anterior (300g), cortado en cubos de 1 cm
  • 1 cebolla mediana (150g), finamente picada
  • 2 cucharadas de mantequilla sin sal (28g)
  • 1/2 taza de leche entera (120 ml)
  • 2 huevos grandes
  • 1/4 taza de perejil fresco picado (15g)
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada rallada
  • Sal y pimienta negra recién molida al gusto
  • 2 cucharadas de harina para todo uso (20g)
  • Agua con sal para hervir

Instrucciones:

  1. Cortar el pan en cubitos y reservar. Si está muy fresco, secar un poco.
  2. Derretir la mantequilla en una sartén y sofreír la cebolla hasta que esté transparente y ligeramente dorada.
  3. Calentar ligeramente la leche (no hervir). Verter la leche caliente sobre los cubos de pan y dejar reposar durante 10 minutos para que se ablanden.
  4. En un bol grande, combinar el pan remojado con la cebolla sofrita, los huevos, el perejil, la nuez moscada, la sal y la pimienta. Mezclar bien. Si la masa está demasiado húmeda, añadir un poco de harina.
  5. Cubrir el bol con film transparente y refrigerar durante al menos 15 minutos (idealmente 30 minutos) para que la masa se compacte.
  6. Con las manos húmedas, formar albóndigas del tamaño de una pelota de tenis.
  7. Llevar una olla grande de agua con sal a ebullición. Reducir el fuego a medio-bajo y añadir las albóndigas con cuidado. Cocinar a fuego lento durante unos 20 minutos, o hasta que las albóndigas floten en la superficie y estén firmes al tacto.
  8. Retirar las albóndigas del agua con una espumadera y escurrir bien. (Opcional: Dorar ligeramente en una sartén con mantequilla para un extra de sabor).